A todos los hermanos de la Orden
como conclusión del 199° Capítulo general ordinarioAsís, Sacro Convento 14 de mayo – 18 de junio 2007
Queridos hermanos:Como conclusión del 199° Capítulo general que hemos vivido en el Sacro Convento de Asís, junto a la sepultura del Padre Seráfico, llegue a todos vosotros el saludo revelado y dado a san Francisco: “El Señor os dé la paz”.
Los Ministros y Delegados de todas las fraternidades de la Orden esparcidas por todos los continentes hemos permanecido casi cuarenta días aquí, en el tiempo de Pentecostés, como dice la Regla (Rb 8), ante todo para “tratar de las cosas que se refieren a Dios” (Rnb 18); y antes de regresar a las distintas fraternidades queremos haceros partícipes de todo lo vivido.
1. Hemos podido vivir el capítulo en este “lugar de gracia” que es Asís, donde todo nos traslada a la experiencia de Francisco. Nos recibió con esmero la fraternidad del Sacro Convento, que no ha ahorrado esfuerzos a la hora de acoger a un número tan grande de hermanos capitulares; y no olvidaremos la emoción experimentada en las numerosas actuaciones ofrecidas por la Capilla Musical de la Basílica, en la liturgia y con ocasión de conciertos de música sacra.
Lo hemos celebrado como un “tiempo de gracia” en el camino que estamos recorriendo como movimiento franciscano, que rememora, para revivirlo en nuestra propia experiencia, el camino de conversión vivido por san Francisco entre 1206 y 1209, cuando pidió al “señor papa Inocencio” la confirmación eclesial de su “propositum vitae”: “La regla y vida de los hermanos es esta, es decir vivir en obediencia, en castidad y sin nada propio, y seguir la doctrina y el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo...” (Rnb 1).
La referencia a la gracia de la conversión ha sido frecuente, empezando por la introducción espiritual propuesta por fray Felice Cangelosi, vicario general de los hermanos Capuchinos, que animó los dos primeros días, los cuales se cerraron con la peregrinación a pie al “locus” de Rivotorto, donde Francisco dio comienzo a su experiencia de fraternidad.
2. La primera parte del Capítulo la dedicamos a la escucha de las distintas relaciones sobre el estado de nuestra familia. Hemos podido constatar con gozo cómo se han fundado nuevas fraternidades en países donde aún no estábamos presentes, con la finalidad de anunciar el evangelio o de llevar nuestro sencillo testimonio de que, como hijos de san Francisco, es hermoso vivir para el Reino de Dios. Todo es gracia y todo debe ser devuelto al Señor, “sin guardarse nada para sí” (Adm. XI), por todo lo que realiza a través de nosotros: “Dichoso el siervo que entrega todos sus bienes al Señor Dios, porque quien conserva algo para sí, esconde en sí mismo el dinero de su Señor, y lo que cree tener se le quitará” (Adm. XIX).
Hemos recorrido las etapas significativas vividas por la Orden durante estos seis años (el Capítulo fraterno de Zakopane y el Congreso internacional sobre la formación en Harmeze (Polonia) en el 2004; el Congreso internacional en la India sobre el tema de la Misión e enculturación en el 2006; las dos citas de las Conferencias europeas en Roma (2005) y en Bruselas (2007), en las que hemos podido avanzar en el descubrimiento y lectura de los signos del Reino en este momento histórico que el Señor nos llama a vivir.
3. Para la elección del ministro general en este capítulo hemos experimentado la nueva fórmula del sondeo de los nombres de hermanos, uno de los cuales debería servir a la fraternidad como ministro general. Esta oportunidad nos ha parecido útil para un discernimiento real de la persona elegida, tras haber invocado al Espíritu Santo. La peregrinación que vivimos en la Porciúncula de Santa María de los Ángeles nos ha ayudado con la oración y el redescubrimiento del recuerdo vivo de nuestras raíces.
Una vez más, en nombre de todos vosotros, queremos expresar nuestro agradecimiento a fray Joachim Giermek, que ha servido a nuestra Orden primero como Asistente general (12 años), Vicario general y Ministro general luego; y también manifestamos nuestro agradecimiento a todo el Definitorio general por lo que han hecho y realizado durante el mandato que se les confió..
Para fray Marco Tasca, elegido el 26 de mayo, vigilia de Pentecostés, los mejores deseos de toda la Orden, para que, con el consejo y discernimiento del nuevo Definitorio, sepa guiarlo con sabiduría y fortaleza, recordando la actitud del Padre seráfico: “Los que han sido investidos de autoridad sobre los demás, se gloríen de su prelatura lo mismo que si les hubiesen encargado lavar los pies a los hermanos” (Adm. IV).
4. Otros dos momentos de gracia hemos vivido en esta experiencia capitular: la peregrinación a Padua el 13 de junio, para la solemnidad de san Antonio: “ad sanctum Antonium”, aquel a quien las fuentes franciscanas definen como el “egregius praedicator” de la Palabra de Dios. Ha sido una experiencia no sólo por el recuerdo de la santidad que Antonio representa, sino también por la intensa expresión de devoción popular que sigue rodeando su presencia viva.
Más aún: el encuentro con el papa Benedicto XVI, peregrino en Asís el 17 de junio, que ha querido reunirse con nosotros, como hermanos del capítulo general, en la Basílica superior, donde todo narra la vida de Francisco. Si hace ocho siglos fue Francisco el que fue a Roma para ver al papa, ahora es el papa quien se ha hecho peregrino ante su sepultura, y quien nos ha dejado un mensaje-mandato rico de contenidos para nuestra reflexión. (Cf.
“Discurso del santo Padre Benedicto XVI al Ministro general y a los Capitulares”).
5. Os hemos contado, para compartirlos, los momentos más significativos que hemos vivido. El trabajo capitular estaba programado en el complicado
Instrumentum laboris propuesto por el Definitorio anterior y recibido por el capítulo: en parte con modificaciones, actualizaciones de las Constituciones, reforzamiento de las estructuras útiles para la Orden.
En este capítulo hemos tenido también la alegría de vivir la creación de la nueva Provincia de la India, que lleva a su maduración el sueño y la esperanza que albergaba san Maximiliano Kolbe en los años treinta del siglo XX, y el camino emprendido hace veinticinco años por la provincia-madre de Malta. Con el mejor deseo de que estos hermanos del gran sub-continente asiático sean testigos de lo que han recibido.
Los asuntos más importantes tratados han sido tres:
- la revisión de las Constituciones de la Orden para adaptarlas a las nuevas realidades, tanto en el terreno de la teología de la vida consagrada como en el de las nuevas condiciones que la Orden está viviendo, en contextos muy diferentes del de la zona predominantemente occidental en que se escribieron las actuales Constituciones.
- “Formación para la misión” como prioridad de la Orden en los próximos años, bajo el signo de la continuidad respecto al pasado reciente (la “formación” es la prioridad de la Orden desde 1998) y a los signos de los tiempos.
En especial se ha confirmado lo indispensable de la formación permanente en la vida de cada hermano en particular: formación permanente que es crecimiento en la identidad profunda de sí mismos, en las en las diferentes circunstancias que la juventud, madurez y vejez conllevan en la evolución de la vida humana, para estar dispuestos a dar siempre razón de la esperanza que hay en nosotros.
Misión es vivir con serena conciencia la experiencia del primado de Dios en la vida personal y en nuestras fraternidades, y acoger con confianza y optimismo el mandato de Señor de ir a “reparar mi casa” en aquellos lugares donde la obediencia a la historia y a la fraternidad nos llama a vivir.
- Se ha sentido la necesidad de que también la Orden, como ya hacen todas las Provincias, tenga un “Proyecto sexenal” que la guíe. El Proyecto final lo preparará el Ministro general con su Definitorio, aunque el Capítulo general ha dado algunas directivas acerca de los temas básicos de la formación y la misión.
Hermanos, como conclusión de este Capítulo general de la Orden queremos dar gracias juntos al Señor por todo lo que nos ha hecho vivir: deseamos que no sea sólo una experiencia nuestra, sino de toda la fraternidad de la Orden.
El centenario de la conversión de Francisco sea ocasión para renovar continuamente nuestro corazón y nuestra vida en el estupor por el don recibido; en el recuerdo y conocimiento del don que hemos entregado a él (“el Señor me concedió a mí, fray Francisco, hacer penitencia...; me dio hermanos..., me reveló que dijera este saludo...”). Acojamos su palabra que da a cada uno de nosotros, siguiendo sus huellas, para que seamos artesanos del proyecto de Dios para nuestra vida: “Yo he hecho mi parte, el Señor os enseñe la vuestra”.
“Hermanos, mientras tenemos tiempo, hagamos el bien”.
En el nombre de la Suma Trinidad, y de la santa Unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
A los sacerdotes de la fraternidad, humildes en Cristo, y a todos los hermanos, sencillos y obedientes, a los primeros y a los últimos: el hermano Francisco, hombre vil y caduco vuestro pequeñuelo siervo, os saluda en Aquel que nos redimió y nos lavó en su preciosísima sangre... Escuchad, hijos del Señor y hermanos míos, y prestad atención a mis palabras, inclinad el oído de vuestro corazón y obedeced a la voz del Hijo de Dios. Guardad sus mandamientos con todo vuestro corazón y cumplid sus consejos perfectamente.
Alabadlo, porque es bueno y enaltecedlo en vuestras obras; pues para esto os ha enviado al mundo entero, para que de palabra y de obra deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay otro omnipotente sino él.
Perseverad en la disciplina y en la santa obediencia y cumplid lo que le prometisteis con bueno y firme propósito. Como a hijos se nos brinda el Señor Dios (Carta al Capítulo general y a todos los hermanos).
“Y todo el que guarde estas cosas, sea colmado en el cielo de la bendición del altísimo Padre, y sea colmado en la tierra de la bendición de su amado Hijo, con el santísimo Espíritu Paráclito y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos.
Y yo el hermano Francisco, vuestro pequeñuelo siervo, os confirmo cuanto puedo, interior y exteriormente, esta santísima bendición. Amén” (Testamento).
Asís, 18 de junio de 2007