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Visita del Papa ad Assisi
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El Capítulo General

El Ministro General de la Orden de Frailes Menores Conventuales, Joaquín Giermek, con una carta fechada el 15 de noviembre de 2006, y publicada desde el Convento de Los Santos Apóstoles de Roma, ha indicado y convocado el 199° Capítulo General de la Orden en los días 15 de mayo – 20 de junio de 2007, señalando a los miembros de esta asamblea y los temas que se han de tratar.

Según las actuales Constituciones de la Orden (n. 156, § 1), el Capítulo General detenta y ejercita la suprema autoridad en toda la Familia Religiosa; nombra las autoridades y los oficios generales de gobierno; interpreta las Constituciones, emana leyes, decretos y formula estatutos particulares; evalúa en manera seria y empeñativa el camino espiritual realizado en fidelidad a la Regla.

La celebración de un Capítulo General entre los franciscanos es un momento fuerte de la vida consagrada, ya que fundamentalmente es una expresión del carisma propio de los hijos de San Francisco (1181-1226), que desean reencontrarse para discernir las cosas de Dios, comunicarse unos a otros el gozo de la fraternidad y de la vida espiritual.

Fray Tomás de Celano, quien escribió la primera biografía de San Francisco entre el 1228-1229 –la Vita Prima –, nos cuenta que los discípulos del Santo,

“cada vez que se encontraban en algún lugar o en la calle, como podía ocurrir, expresaban una explosión de su afecto espiritual. […] Eran felices cuando podían reunirse, y más aún cuando estaban juntos; pero para ellos era difícil vivir separados, amargo el distanciamiento, doloroso el momento del adiós.” (Cap. XV, nn. 38-39).

En la carta escrita por S. Francisco a todos los frailes del Capítulo General de Pentecostés del 1222 o 1223, el santo fundador recordó que las fuentes de una vida espiritual auténtica son la Eucaristía, el respeto a la Palabra de Dios, la conversión, la liturgia del Oficio Divino recitado con devoción delante de Dios, y la observancia inviolable de la Regla.

Veamos ahora cómo estas finalidades propias de cada capítulo general franciscano se han concretizado en el caminar histórico de la Orden a través de los siglos.

El primer gran encuentro fraterno de intercambio de experiencias fue celebrado en el 1212, probablemente cerca del 13 de mayo, Pentecostés. Desde ese momento, en vida de S. Francisco, los capítulos se celebraron dos veces al año (en Pentecostés y para la fiesta de San Miguel, en setiembre) en Asís, tal y como lo atestigua la tardía Leyenda de los Tres Compañeros del siglo XIII (Cap. XIV, n. 57).

Después del 1217 se celebraron una vez al año, siempre en Asís. La Regla no bulada, del 1221, precisa en el cap. XVIII:

“Todos los ministros que están en las regiones al otro lado del mar y más allá de los alpes, una vez cada tres años, y los otros una vez al año, se reúnan en Capítulo General para la fiesta de Pentecostés, junto a la iglesia de Santa María de la Porciúncula, si por el Ministro y siervo de toda la fraternidad no sea ordenado diversamente.”

Justamente en el 1221, año de la Regla no bulada, S. Francisco celebró el notable capítulo de los “cinco mil frailes”, que tenían como lecho solamente tejidos de juncos, o esteras. De este Capítulo – llamado “de las esteras” – las Florecillas ofrecen un cuadro grandioso y memorable.

Dos años más tarde, la Regla bulada del papa Honorio III estableció una norma – inicialmente muy flexible en cuanto fue dejada a la discreción del General –, que fue esta: el capítulo general se tendrá cada tres años, en Pentecostés, y no necesariamente en Asís:

“La elección [del Ministro General] sea hecha por los ministros provinciales y los custodios en el capítulo de Pentecostés, en el que los ministros provinciales están obligados a participar, en cualquier sitio que será establecido por el Ministro General; esto una vez cada tres años o en un término mayor o menor, así como haya ordenado el susodicho Ministro.” (Cap. VIII)

La nueva norma fue aplicada a partir del Capítulo General del 1224. Para ese tiempo la Orden había adquirido una gran consistencia en Europa, y se advertía una exigencia organizativa que desarrollara el deseo de un encuentro entre hermanos en una asamblea más formal y sistemática. En el 1221 era vicario general de S. Francisco en el gobierno de la Orden, el infatigable organizador Fray Elías de Asís.

Hemos dicho que la norma, al inicio, permaneció un poco flexible. De hecho, se tuvieron capítulos generales en el 1230, 1232, 1233, y después en el 1239, 1240, 1242, 1244 no respetando la periodización trienal.

Es necesario recordar algunos importantes sucesos para la vida y organización de la Orden, acaecidos en estos primeros capítulos.

En el 1217 (14 de mayo, Pentecostés), en el que se puede considerar el primer verdadero capítulo en sentido jurídico y no solamente “espiritual” y ” fraterno”, fueron decisivos los primeros envíos de frailes misioneros más allá de los Alpes y a las tierras de los sarracenos (Túnez, Siria y Marruecos). La Orden fue dividida en doce circunscripciones o “provincias”, teniendo como cabeza al Ministro Provincial quien, a su vez, convocaba los “capítulos provinciales”.

En el capítulo de 1224 fue erigida la Provincia de Inglaterra, con el envío de los primeros nueve frailes; y en el de 1230, celebrado en el Sacro Convento de Asís, bajo el generalato de Fray Elías, el venerado cuerpo de S. Francisco fue trasladado el 25 de mayo desde la iglesia de San Jorge -donde había sido sepultado provisionalmente- al nuevo sepulcro excavado en la roca de la “colina del Paraíso”, donde había sido creada la grandiosa basílica en su honor. La primera piedra de esta basílica fue colocada por el papa Gregorio IX el 17 de julio de 1228, al día siguiente de la canonización de S. Francisco.

También fue importante el capítulo del 1239 en Roma, porque fueron promulgadas las primeras Constituciones de la Orden (llamadas “Antiquae”). En esta ocasión fue establecido que, sin excepción, el capítulo general tenía que ser celebrado cada tres años.

En este siglo se realizaron todavía otros tres capítulos generales. El de Narbona en el 1260, que promulgó las famosas Constituciones Narbonenses, redactadas por el Ministro General S. Buenaventura; el de Pisa en el 1263, que aprobó la nueva Vida de S. Francisco escrita por S. Buenaventura (la Leyenda Mayor); y el de París en el 1266, que lamentablemente ordenó la destrucción sistemática de todas la Vidas o Leyendas de S. Francisco precedentes, incluidas las de Celano, para dejar espacio solamente la biografía “oficial” bonaventuriana.

Fue el capítulo de la “leyendaclastia”. Un manuscrito de la Vita Prima de Celano, salvado de la destrucción, fue reencontrado por los padres Bolandisti en el 1768, y otro de la Vita Seconda fue redescubierto y publicado por el p. Stefano Rinaldi, Menor Conventual, en 1806.

Nos hemos detenido en los capítulos generales del siglo XIII por cuanto fueron los capítulos fundantes de la Orden y de su organización.

De los siglos XIV-XV diremos que durante el cisma papal de Occidente (1378-1417), la Orden sufrió mucho. Así como en la Iglesia aparecieron los “antipapas”, en la Orden hubo “antigenerales”.

Entre el 1379 y el 1414 la Orden Franciscana Conventual celebró 13 capítulos generales legítimos (capítulos 65°-77°), eligiendo los respectivos Ministros Generales que permanecieron obedientes al Papa, obispo de Roma. Pero grandes grupos de frailes franceses se aliaron al papa de Avignon, celebrando otros “capítulos generales”, entre el 1379, en Nápoles, al 1416, en Zaragoza, eligiendo los respectivos anti-generales.

Hubo también los antipapas “pisanos” y, como recaída, otros dos “capítulos generales” en Roma (1411) y en Losana (1414), que prestaron obediencia al antipapa pisano Juan XXIII.

La unidad fue reconquistada con el final del cisma de Occidente y con la obediencia prestada al Papa Martín V de Roma, por capítulo general legítimo (el 78°) celebrado en Mantova en el 1418. Hay que notar que, como signo de pacificación de los ánimos, el capítulo general legítimo de Mantova eligió como Ministro General a Fray Antonio Vinitti, que había sido general “pisano” en buena fe.

Del siglo XV recordamos el capítulo general 100°, celebrado en el 1479 en Roma, en el novísimo convento de los Santos Apóstoles y presidio por el mismo papa Sixto IV, Menor Conventual. En este año se consagró la vocación “universal” del convento de los Santos Apóstoles, bautizado como sede de la Curia General de la Orden, título y oficio que conserva hasta hoy.

El convento de los Santos Apóstoles vuelve a la escena el sábado 30 de mayo de 1517, vigilia de Pentecostés, cuando los Menores Conventuales, ya separados jurídicamente de la reforma de los Observantes (que con la Bula Ite vos, firmada el día anterior por el papa León X, habían obtenido la plena autonomía y el derecho de elegir un Ministro General propio), se reunieron en su 113° Capítulo General para proceder a la elección de su Ministro General (Fray Antonio Marcelo de Petris da Cherso) que, según las disposiciones de la Bula habría de asumir el título de “Maestro General”. Desde esta fecha los franciscanos Conventuales y los franciscanos Observantes habrían celebrado sus respectivos capítulos generales, en sus propias casas, autónomamente.

Notamos aún la importancia asumida por el convento de los Santos Apóstoles, casi en competencia con el Sacro Convento de Asís. En él, entre 1479 y 1960, se celebraron 45 capítulos generales, que fueron de los más importantes en la época moderna.

Algunos fueron presididos por papas: Sixto IV (100° capítulo, 1479); Benedicto XIII (157° capítulo, 1725); Benedicto XIV (capítulos 159°, 160°, 161°, 1741, 1747, 1753); Clemente XIII (capítulos 162°, 163°, 1759, 1765); Clemente XIV (164° capitulo, 1771).

Justamente en el convento de los Santo Apóstoles fue celebrado el 142° capítulo general para Pentecostés de 1617, cuando fue decretado que los capítulos generales se tenían que realizar cada seis años y no ya cada tres, regla que se observa hasta hoy. Fue elegido General Fray Giacomo Montanari de Bagnacavallo. A partir de este capítulo se iniciaron los trabajos para la compilación de las célebres Constituciones de la Orden, llamadas “Constituciones Urbanianas” porque fueron aprobadas por el papa Urbano VIII en 1628. Estas permanecieron sustancialmente en vigor, a excepción de algunas pequeñas actualizaciones y abreviaciones, hasta las nuevas Constituciones aprobadas por el 181° capítulo general celebrado en el 1930 en Asís, conformadas al nuevo Código de Derecho Canónico del 1917.

Aún fue celebrado en el convento de los Santos Apóstoles el capítulo general 164° en 1771, que con el general Fray Luigi Maria Marzoni, decretó la unificación de los Observantes de Francia con la Orden de los Conventuales. Estos últimos alcanzaron el máximo esplendor con cerca de 25 000 frailes.

Trae consigo un sentimiento de tristeza recordar cómo, siempre en el convento de los Santos Apóstoles, fue celebrado en el 1789 el último capítulo general (el 167°) del ancien régime (General elegido Fray Giuseppe Maria Medici de Gubbio). Luego ocurrieron los horrores de la Revolución Francesa y la ruina de las supresiones napoleónicas: por 35 años no se pudieron indicar ni celebrar capítulos generales.

El año 1824 fue el de la “resurrección” con el 168° capítulo general celebrado en Asís el 5 de octubre. La tarde anterior había sido recolocada en el sepulcro de roca bajo la basílica inferior, la reliquia del cuerpo de S. Francisco. Esta había sido redescubierta en ese lugar, con una gran alegría de la Orden y de toda la Iglesia, el 12 de diciembre de 1818, después de 52 noches de duro trabajo de excavación en la roca viva. Había sido apenas inaugurada la nueva cripta subterránea del arquitecto Giuseppe Brizi.

La caída del Estado Pontificio y la ocupación de Roma por parte de las tropas italianas (20 de setiembre de 1870), con la sucesiva supresión de las órdenes religiosas, impidió nuevamente por otros 25 años la celebración de los capítulos generales. El último capítulo celebrado en la Roma papal fue realizado en el convento de los Santos Apóstoles en 1866 (175° capítulo). Después se debió acudir en el 1891 al 176° capítulo, celebrado en el pequeño convento-colegio de S. Nicolás de Tolentino. Aquella casa religiosa, modesta en comparación con la majestad del Sacro Convento o del convento de los Santos Apóstoles, era suficiente para acoger a los capitulares. La Orden de los franciscanos Conventuales, después de todas las desventuras, persecuciones y supresiones, se había reducido dramáticamente: apenas 1481 frailes en 1889, en contraposición a los 6 500 Observantes y los 7 600 Capuchinos de las otras familias franciscanas.

Todavía se tuvieron 13 años sin capítulo general, para llegar al 1904 (177° capítulo). Fue el último período de estanco, ya que la reanimación y el desarrollo de la Orden no tardaron después de la fundación de muchos colegios de formación para jóvenes vocaciones en varias provincias (desde 1919), las celebraciones del VII centenario de la muerte de S. Francisco (1926), el regreso de religiosos a las antiguas regiones perdidas (España, 1905; Inglaterra, 1907; Siria, 1911; Francia y América Latina, 1947); la apertura de las misiones en China en 1924, en Zambia en 1930, en Indonesia en 1937, en Albania en 1940, las actividades de S. Maximiliano Kolbe en Niepokalanow (o la Ciudad de la Inmaculada) en Polonia y su misión en Japón en 1930. Con la gracia divina, se asistió a un verdadero renacimiento moderno, triplicando el número de los religiosos y permitiendo de nuevo la celebración regular de los capítulos generales.

Entre los más recientes, recordamos el capítulo del año 1984, que recogió los frutos de quince años de intenso trabajo para la composición de las nuevas Constituciones de la Orden, actualizadas según los lineamientos y el espíritu del Concilio Ecuménico Vaticano II, y a las normas del nuevo Código de Derecho Canónico, promulgado por el papa Juan Pablo II, el 25 de enero de 1983.

Este breve y esencial recuerdo histórico de los capítulos generales a lo largo de los siglos franciscanos, nos permite escuchar con más atención las palabras del actual Ministro General, que ha convocado el 199° capítulo:

“Queridos hermanos, el Capítulo es tiempo de encuentro fraterno, de intercambio de experiencias, de enriquecimiento mutuo: la presencia de tantos frailes (están previstos 97) de culturas diferentes, provenientes de varias partes del mundo, acrecienta el sentido de familia, y al mismo tiempo demuestra cómo el mismo carisma puede ser vivido en diversas formas. […] El Capítulo tiene la tarea de proyectar el camino de la Orden en los próximos seis años, escogiendo el nuevo gobierno y definiendo las líneas operativas. Estos fines, propios de cada Capítulo General, se hacen aún más estimulantes por el hecho que el próximo Capítulo coincide con el camino celebrativo del VIII centenario de los orígenes del franciscanismo: la Orden entera, a través del Capítulo, se siente llamada a la conversión y a reencontrar el empuje y la vitalidad de sus orígenes”.

- Fray Liberale Gatti, OFMConv.


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